Un bebé de a luz a una mamá
Cuando recibí la noticia de que la bebé venía en camino, sentí una mezcla de emociones; sorpresa, alegría, dudas y, sobre todo, la inmensa expectativa de entregarle todo aquello que nosotros, como padres, soñamos para nuestro bebé.
Esperé pacientemente durante 40 lunas llenas la llegada del bebé , un pequeño ángel que se convertiría en la señal de un nuevo comienzo. En un momento de mi vida en el que todo parecía borroso y confuso, ella se convirtió en mi faro en medio del diluvio, una guía para atravesar la incertidumbre y renacer.
En ella estaban ocultos todos los tesoros que, juntas, madre e hija, descubriríamos con el tiempo. Su llegada no solo trajo luz, sino también la promesa de una vida llena de aprendiz ajes y amor infinito.
El cambio y la distancia
A los tres años, comenzó a ir a la escuela. Era como un pequeño pajarito con alas llenas de imaginación, ansiosa por volar y explorar cada rincón de su mundo. Sus profesores siempre repetían el mismo comentario: “No para de hablar en clase.”
Cuando llegó la adolescencia, su necesidad de independencia comenzó a aflorar. Le resultaba difícil seguir instrucciones, insistiendo en tomar sus propias decisiones, sin comprender del todo la protección y guía que yo le ofrecía.
Con el tiempo, empezamos a distanciarnos, hasta el punto de sentirnos lejos la una de la otra. Sin embargo, a pesar de esa aparente lejanía, ambas llevábamos un dolor silencios o dentro. Aunque nuestros caminos parecían separarse, el vínculo entre nosotras seguía intacto, fuerte y profundamente arraigado en nuestros corazones.
Lecciones del corazón
La llegada de un bebé transforma por completo el hogar y, al mismo tiempo, cambia la vida de los padres. Ellos no nacen sabiendo cómo serlo; aprenden a medida que enfrentan cada experiencia junto a su pequeño.
Mientras mi bebé crecía, me enfrenté a desafíos inesperados. La maternidad no es como la pintan los libros ni como se describe en internet; no se aprende leyendo… ¡SE VIVE!
Fueron noches largas llenas de incertidumbre, amor y aprendizaje. Había estudiado mucho sobre maternidad y lactancia, pero pronto descubrí que ningún conocimiento teórico es suficiente: cada bebé es único, y su proceso también lo es. Mi deseo era amamantarla hasta que cumpliera un año, pero la realidad me enseñó que a veces, por más que lo intentes, no siempre se logra lo planeado. La frustración era inevitable, especialmente cuando el cansancio se hacía presente. Pero cada sonrisa de mi pequeña lo compensaba todo.
Era una niña tan curiosa e inteligente que aprendió a caminar a los 9 meses, siempre buscando descubrir más allá de lo que tenía a su alcance. Su espíritu inquieto me recordaba cada día que, como madre, también estaba aprendiendo a caminar junto a ella en esta hermosa y desafiante aventura.
La fuerza del vínculo
Con el tiempo, volvimos a encontrarnos. Cuando nuestras miradas se cruzaron, nuestros ojos se llenaron de un amor incondicional e inexplicable. En ese instante, ambas entendimos que nunca más volveríamos a mirar en direcciones opuestas.
Nuestros caminos ya no serían dos, sino uno solo. Mientras nos mirábamos, vimos un barco en la distancia. Ese barco representaba la esperanza de un refugio seguro.
Decidimos subir juntas y, desde entonces, continuamos el viaje unidas, guiando y animando a miles de familias a subir también a bordo. Allí descubren la paz y la tranquilidad en sus hogares, fortalecen los vínculos con sus pequeños, tal como nosotras habíamos comenzado a ver la unidad y la fuerza de nuestro propio lazo.
Hola, somos Diana y Sara, fundadoras de El Arca
Soy Diana, psicóloga y pedagoga infantil, con un máster en niños con autismo y síndrome de Down, también enfermera pediátrica y coach de sueño infantil. A lo largo de mi carrera, he tenido el privilegio de ayudar a miles de familias en diversos lugares.
Ahora, junto a mi hija Sara, auxiliar de enfermería pediátrica, coach del sueño infantil, y experta en marketing y negocios, hemos dado vida a El Arca.
Este proyecto se ha convertido en un refugio seguro tanto para nosotras como para los padres, un espacio donde pueden encontrar el descanso que tanto necesitan, resolver sus dudas y ganar la confianza necesaria para ofrecer lo mejor a sus pequeños.
El Arca es ese lugar donde los padres encuentran la paz y el respaldo que necesitan para disfrutar plenamente de la maravillosa aventura de criar a sus hijos. Ofrecemos una variedad de servicios enfocados en el hogar, adaptados a las necesidades únicas de cada familia.
Unidos por la pasión
de cuidar
En El Arca Baby Home Care, nuestro equipo está compuesto no solo por profesionales altamente capacitados, sino también por personas con un gran corazón, dispuestas a enseñar con amor a las familias que confían en nosotros.
Cada miembro del equipo aporta su experiencia y conocimientos para brindar el mejor cuidado posible, asegurando soluciones, tranquilidad y confianza en cada etapa del proceso.
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